jueves, 29 de julio de 2021

Las trabajadoras del hogar y la situación de crisis durante el aislamiento

 Las trabajadoras del hogar y la situación de crisis durante el aislamiento

publicado en Feminacida, 7 octubre de 2020



Desde que comenzó el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio se agudizó el debate sobre el trabajo doméstico no remunerado, el cual recae casi exclusivamente sobre las identidades feminizadas. Las tareas reproductivas y de cuidado constituyeron históricamente un trabajo invisibilizado y, cuando se habla de una empleada del hogar, suele usarse algún eufemismo que encubre su condición de trabajo: “la mujer que limpia en casa” o “la chica que me ayuda”. Ahora bien, ¿cómo afectó la pandemia a las trabajadoras de casas particulares?

El uso del femenino para hacer referencia al trabajo doméstico se relaciona con el hecho de que “la tasa de feminidad de la rama es del 98,5 por ciento”, como muestra el informe Las trabajadoras de servicio doméstico en Argentina, realizado por Natsumi Shokida para Economía Femini(s)ta.

De hecho, las injusticias hacia este sector tienen un vínculo estrecho con la división sexual del trabajo. En primer lugar, la mayoría de las empleadas del hogar son jefas de sus propias viviendas, donde continúan trabajando sin remuneración. Además, perciben los sueldos más bajos de todo el mercado laboral. Según el informe citado, “la mitad de estas trabajadoras cobra menos de $8.000 en su ocupación principal”. El 74,5 por ciento se encuentra en una relación laboral informal, por lo tanto, el sueldo se arregla mediante un contrato tácito o de buena voluntad entre empleadores y empleadas, sin que medie una reglamentación real. Además, esto representa que no haya vacaciones pagas, ni aguinaldos, ni pagos en caso de enfermedad, ni obra social.

Este escenario de vulnerabilidad e indefensión se incrementa en el contexto de la pandemia. A las dificultades mencionadas anteriormente se suman conflictos en el cobro de salarios o la posibilidad de perder el empleo. Además, se agregan la extensión de la jornada laboral, mayor cantidad de trabajo y la exposición al contagio, ya que en ocasiones atienden a personas enfermas sin medidas de prevención adecuadas.

Como si lo anterior no fuera suficiente, Elva López Mourelo, especialista en mercados de trabajo inclusivos de la OIT Argentina y autora del informe El Covid19 y el trabajo doméstico en Argentina, advierte acerca de “la mayor vulnerabilidad y peligrosidad de las violencias contra las mujeres durante el confinamiento, debido a las dificultades para huir de situaciones violentas o para acceder a servicios de atención a las víctimas”. Según la investigadora, esta situación expone a las trabajadoras del hogar a un mayor riesgo de violencia, ya sea directa –por parte del empleador– o indirecta –al ser testigo de episodios de violencia en el hogar.

A.G. es una mujer joven y fuerte, camina lentamente acompañando el paso de la anciana que cuida. Desde que empezó la pandemia, A.G. se instaló en la casa de la mujer para no correr el riesgo de traer el virus desde su barrio o llevarlo allí. En su casa de San Martín quedó su mamá, pero “por suerte, se cuida sola”. Una situación similar vivió Juanita, pero con mayor repercusión mediática. Juanita es la empleada doméstica de Catherine Fulop, quien subió a las redes un video en el que afirma que las dos quedaron encerradas en la casa de la actriz al decretarse la cuarentena. En el video, la Fulop le pregunta a Juanita por qué se quedó en la ahí y la empleada responde: “Pero, si era lo mismo”.

Las dos trabajadoras minimizan la situación que viven. Como advierte López Mourelo en su informe, muchas empleadas del hogar, por el carácter íntimo de la actividad que realizan y la falta de contacto con otras trabajadoras del rubro, desconocen sus derechos. “Solo el 3,7 por ciento de las trabajadoras están afiliadas al sindicato; el 2,1 por ciento se contactó con el sindicato en el último año y apenas el 8,5 por ciento consultó la ley del sector”, según reveló la Encuesta Nacional a Trabajadores sobre Condiciones de Empleo, Trabajo, Salud y Seguridad (ECETSS) realizada en 2018.

“Hay muchas compañeras que temen quedarse sin trabajo. Prefieren agachar la cabeza y seguir trabajando sin reclamar sus derechos por la misma necesidad económica que atraviesan”, manifestó en una entrevista a Canal Abierto, Sonia Kopprio, secretaria general del Sindicato de Trabajadoras de Casas Particulares, secretaria general adjunta de la CTAA Río Negro e integrante de la Comisión Ejecutiva Nacional de la CTAA.

Hace unos meses, Gustavo Cardinale, dueño de una empresa de transporte de cargas, escondió a la empleada de su hogar en el baúl del auto para ingresar al country en Tandil donde reside. Otro caso que adquirió notoriedad inmediata fue el de Nicole Neumann, quien le pidió a su empleada que permaneciera encerrada en una habitación hasta realizarse el testeo luego de que perdiera el olfato, síntoma clave del Covid-19. A raíz de esto, la modelo fue acusada en los medios y en las redes sociales por no haber registrado a la trabajadora y violar las reglas sanitarias vigentes.

Tanto el empresario tandilense como Nicole Neuman hicieron posteriormente sus descargos. Sin embargo, como explicó Matías Isequilla, apoderado de la Unión de Trabajadores Domésticos y Afines (UTDA), “no constituye un hecho aislado, sino un claro ejemplo de los muy numerosos atropellos que han padecido la mayoría de las trabajadoras de casas particulares de parte de sus empleadores”.

Para mitigar la situación de crisis del rubro, el gobierno determinó en primera instancia refuerzos en los planes sociales y asignaciones, la inclusión de las trabajadoras del hogar (registradas o no) en el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y un aumento salarial que fijó la Comisión Nacional de Trabajo en Casas Particulares (CNTCP).

Además, la Unión Personal Auxiliar de Casas Particulares (UPACP) realizó una campaña de sensibilización, bajo el hashtag #CuidaAQuienTeCuida, acerca de la exposición que sufren las trabajadoras de servicios domésticos y las medidas de prevención para aquellas que continúan su actividad durante el confinamiento. A su vez, con motivo del Día Nacional del Personal de Casas Particulares en Argentina el pasado 3 de abril, UPACP lanzó, con apoyo de la OIT, una campaña en la que se brinda respuestas a las preguntas que recibió el sindicato sobre los derechos de las trabajadoras durante el ASPO.


Para hacer consultas y reclamos a través de la Unión del Personal Auxiliar de Casas Particulares todas las líneas telefónicas están disponibles en el siguiente sitio web https://www.upacp.org.ar/?event=covid-19-atencion-las-sedesemails

Las tareas de cuidado son un trabajo

 Las tareas de cuidado son un trabajo.

Publicado en Revirades Comunicación Transfeminista, julio 15, 2021


Mural: Ailen Possamay


«El anhelo de tener derechos está ya 

instalado en la conciencia de muchas 

mujeres contemporáneas» 

Marcela Lagarde


En el día de hoy, ANSES corroboró una medida que se ambiciona desde hace un tiempo y que forma parte de los objetivos de los movimientos sociales feministas. La medida recibe el nombre de Programa Integral de Reconocimiento de Períodos de Servicio por Tareas de Cuidado. Esta medida construye un nuevo escenario donde las tareas de cuidados, actividades esenciales para el desarrollo social, son consideradas también un trabajo. 

Esta medida repara hasta cierto punto la brecha entre géneros desde una perspectiva material o económica. Y, por supuesto, también desde lo simbólico.  

El trabajo se considera una actividad social y cooperativa que inextricablemente lleva a la evolución de la comunidad. En sus orígenes, el trabajo se asociaba a la esclavitud y el ocio era el derecho del “hombre libre”; con la aparición del salario, la fuerza de trabajo se convirtió en una mercancía que el asalariado vende al empleador, al capital. Todo mediado por un contrato de compra-venta, público y sindicalizado. 

En cambio, las tareas de cuidado domésticas son íntimas, permanecen en el ámbito de lo privado, están fundadas en el amor y la obligatoriedad de esa función que recae, principalmente, en las mujeres. Por lo tanto, en el imaginario colectivo las horas dedicadas a la crianza de hijos e hijas, su alimentación, su educación, al cuidado del hogar y la organización de la economía doméstica no son un trabajo sino parte de la naturaleza del género. 

Al realizar las tareas de cuidado por amor, por obligación moral o por altruismo, se deja de lado el hecho de que también es tiempo invertido, desgaste físico y, muchas veces, también mental, y que, además, conlleva tiempo que la mujeres no pueden dedicar a otras actividades, tanto de placer como intelectuales, por ejemplo. Las tareas de cuidado no remuneradas, despreciadas en su valor real, someten y, por ende, profundizan las desigualdades, ya que se las encuadra a partir de los roles de género instaurados por el sistema patriarcal.

No obstante, las tareas de cuidado atraviesan todas los espacios, tanto lo privado como lo público, el hogar y, también, el mercado, ya que todos necesitamos de cuidados durante nuestra vida y somos, como quedó evidenciado durante esta pandemia, interdependientes. 

La búsqueda de la equidad propia de todos los feminismos empieza por reconocer las tareas de cuidado como trabajo.


Período de Servicio por Tareas de Cuidado



La nueva medida otorga a las mujeres en edad de jubilarse y que no cuenten con los años de aportes necesarios, ni con una jubilación otorgada o en trámite, un beneficio jubilatorio inmediato. El reconocimiento computará un año de aportes por hijo o hija, dos años por hija/o adoptado, adicionará un año por hija/o con discapacidad y dos años en caso de que haya sido beneficiaria/o de la Asignación Universal por Hija/o por al menos doce meses. Asimismo, se reconocerán las licencias por maternidad.

A partir del 1ero de agosto estarán los turnos disponibles en la página de ANSES y será necesario DNI y partidas de nacimiento de les hijes.

Se puede solicitar un turno para ser atendida en la oficina más cercana al domicilio en la página de ANSES: https://www.anses.gob.ar/reconocimiento-de-aportes-por-tareas-de-cuidad

ESI, ¡cuánto te necesitamos!

Educación Sexual Integral, ¡cuánto te necesitamos!

Publicado en Revirades Comunicación Transfeminista - julio 20, 2021




¿Quién educa a les pibes?

En estos tiempos de acceso desmedido a la información, lxs chicxs que se hacen preguntas  encuentran fácilmente las respuestas. Y, si no se preguntan, encuentran accidentalmente cualquier tipo de información. Más allá de que regulemos de muchas formas los accesos, cada vez a más temprana edad lxs niñxs se topan con contenido que puede ser considerado para adultos.

Muchas veces, la información que se encuentra en internet no es la adecuada. Es evidente cómo la pornografía tradicional tergirversa lo que es el sexo, consolida estereotipos de género y promueve prácticas sexuales violentas y no consentidas. Muchas páginas de pornografía han recibido denuncias por su contenido e, incluso, por subir material que no contaba con permiso o que incluía menores.

Asimismo, el 11 de julio, también se desató una polémica alrededor del tiktoker Naim Darrechi, porque en medio de una charla informal con el youtuber Mostopapi, comentó que no usaba preservativos durante sus relaciones sexuales. Luego, tuvo que pedir perdón, diciendo que no era cierto. Pese a la controversia, Darrechi no perdió sus más de 26 millones de seguidores en la red. Y la verdad es que youtubers, tiktokers, etc, son el consumo cultural preferido de muchxs niñxs, adolescentes y jóvenes. Los observan, los escuchan y los imitan.


Tenemos Ministerio de salud

Pero, el tiktoker o las páginas de pornografía son un mal chiste o su consumo está velado por el silencio. En cambio, si al Ministerio de Salud se le ocurre licitar o comprar diez mil unidades de penes de madera, dispensadores de preservativos y maletines se desata la debacle. Alrededor de los penes de madera que servirían para explicar el uso correcto del preservativo se desencadenaron un sinfín de cuestionamientos o comentarios. Desde la crítica por el tamaño o el material del recurso didáctico hasta el inverosímil y tristísimo “aporte” de Luis Juez cuando sugirió “que empiecen a probar esos penes de madera con los vacunados VIP”. También se criticó la iniciativa por proponerse en un contexto de emergencia sanitaria, como si la existencia del COVID-19 pusiera en pausa otras enfermedades.

De hecho, los insumos solicitados “permitirán asegurar una amplia disponibilidad de materiales de promoción cuya finalidad sea concientizar y evitar la propagación de enfermedades de transmisión sexual tales como el VIH y otras ITS en el marco de la Ley N° 23.798″, como indica el expediente emitido por el Ministerio de Salud.

Una de las enfermedades cuyo aumento en los diagnósticos despertó la alarma en la cartera sanitaria es la sífilis.


«Una noche con Venus, toda una vida con Mercurio»

Esta frase se repetía en el siglo XVIII cuando la enfermedad de transmisión sexual más común era la sífilis. Para contrarrestarla, se utilizaba mercurio que provocaba en el paciente la pérdida del pelo, los dientes e, incluso, que perdiese partes de piel o el tabique nasal. Este tratamiento fue abandonado con el descubrimiento de la penicilina.

Ahora bien, no ya en el siglo XVIII sino en el XXI, la tasa de sífilis en Argentina alcanzó los 56,12 casos por cien mil habitantes en 2019 y son los jóvenes de entre 15 y 24 años quienes la padecen mayormente. A su vez, la tasa de sífilis congénita, por transmisión de la madre al bebé, también aumentó.

El método más recomendado y efectivo para evitar el contagio de las enfermedades de transmisión sexual es el uso de profiláctico tanto “femenino” como “masculino”.


ESI: una herramienta fundamental

El debate generado alrededor de la licitación de los penes de madera “no hace más que visibilizar y confirmar cuánto necesitamos Educación Sexual Integral (ESI) en nuestra sociedad”, como manifestó en Twitter la ministra Carla Vizzotti. A su vez, el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Daniel Gollan, hizo mención al hecho de que la pandemia no es un factor para detener otras acciones de salud y prevención. Incluso, la ministra de Educación de Capital Federal, Soledad Acuña, desestimó el debate que rondó la licitación por considerarlo superfluo y explicó en una charla con Radio La Red que en la Ciudad también habían adquirido material similar y que “es una de las miles de herramientas que se utilizan para trabajar en las escuelas sobre ese tema».

La Educación Sexual Integral, transversal e interdisciplinaria, cumple quince años en octubre. Y tiene todavía unos acérrimos contendientes que no entienden la necesidad imperiosa de que se imparta educación sexual cabal, consciente, laica, capaz de erradicar las dudas con información pertinente y científica, respetuosa de las libertades individuales y que termine de una vez por todas con los estereotipos sexuales que nos hacen dudar acerca de nuestro propio deseo o desconocerlo.

Como en cualquier otra materia, los recursos didácticos son un medio indispensable para que la educación sexual integral pueda cumplirse fehacientemente y las políticas públicas de prevención son la herramienta para educar, concientizar y frenar, por ejemplo, el aumento de enfermedades de transmisión sexual o los embarazos no previstos en la adolescencia. Si bien la sexualidad es mucho más amplia que la genitalidad y el coitocentrismo es una reducción, es evidente que los penes de madera son un recurso entre muchos otros necesarios para implementar educación sexual.


Proyecto Preservativo para Vulvas

El recurso didáctico de los penes de madera para enseñar a utilizar un profiláctico no deja de ser falocentrista. Y las infecciones de transmisión sexual no son exclusivas de relaciones sexuales en las que se produce penetración. ¿Qué métodos de cuidado son aptos para las personas con vulva? ¿Qué sucede en prácticas sexuales entre vulvas?

Los preservativos vaginales existentes sirven exclusivamente para relaciones sexuales en las que hay penetración. No existen métodos profilácticos que cumplan su función en prácticas que impliquen frotamiento, por ejemplo.

El Proyecto Preservativo para Vulvas es una organización transfeminista, autogestionada y sin vínculos con ningún partido político, que promueve desde hace más de un año la investigación, desarrollo y realización en nuestro país de un preservativo “que cubra tanto la parte interna (vagina) como externa (vulva y, según el diseño, ano)”.

Además, a través del programa ImpaCT.AR, que tiene como propósito promover y apoyar a distintos organismos que buscan solucionar algún desafío de interés público, mediante la ciencia o la tecnología, las diversas identidades autoconvocades en el Proyecto Preservativo para Vulvas, propone que se lleve adelante la investigación para crear el método profiláctico específico y seguro en las prácticas sexuales de contacto genital entre vulvas. La idea no es reemplazar la profilaxis por métodos más artesanales, como un guante de látex o, incluso, el film de cocina, como se propone en ocasiones, sino que la búsqueda apunta a fabricar en Argentina el método de protección que tenga en cuenta la salud integral de mujeres cis, lesbianas, bisexuales, varones trans, no binaries, intersex, y otras identidades, además de atender al derecho de disfrutar libremente de la sexualidad.

La Educación Sexual no será Integral si permanece confinada a un sistema hetero-cisnormativo, invisibilizando las prácticas sexuales no heteronormadas y negando el acceso a métodos para prevenir infecciones. Además, si tenemos en cuenta la perspectiva de derechos humanos que atraviesa la ESI, ni la identidad de género ni la orientación sexual deberían ser un motivo de desigualdad frente al acceso a métodos profilácticos adecuados a cualquier cuerpo y práctica. 

Ningún pibe nace machista

 Ningún pibe nace machista

Publicado en Revirades Comunicación Transfeminista - octubre 7, 2020


Educación sexual, integral e interdisciplinaria para transmutar la sociedad




El patriarcado es un orden social, un sistema de creencias que marca las relaciones de poder entre las personas y que establece que el liderazgo está en manos del hombre. Para convencernos de que el orden debe ser así se instala la idea de que es natural, que está en nuestra biología o en una esencia que nace con nosotros. Pero, al revisar la historia o distintas culturas humanas, comprendemos que diferentes grupos tienen otras matrices simbólicas, valores, creencias e ideologías 


Este sistema patriarcal le resulta “cómodo” al hombre porque establece su superioridad, no solo física sino también intelectual, y tal vez también a aquellas mujeres que se encuentran alienadas por sus privilegios que les hacen creer que no debe luchar por ninguna igualdad ya que tuvieron las oportunidades para acceder a ciertos beneficios.


Sin embargo, esa comodidad es la del faquir sobre su cama de clavos. Para justificar la desvalorización de la mujer, el patriarcado establece un conjunto de prácticas, discursos y costumbres: el machismo. Crear la figura del macho no solamente somete a la mujer, que es considerada inferior, sino también al hombre que para adherir a esa construcción debe cumplir determinados mandatos: ser proveedor, protector, procreador y, además, ser autosuficiente. Además, entre machos, la socialización se da a través de la violencia. “¿Viste cómo son los chicos? Se cagan a piñas y después son amigos”, “Los nenes no lloran”, “No seas maricón”, “Los nenes son brutos por naturaleza”. Esos valores, comportamientos, discursos, propios del machismo, son replicados en cada institución creada por la sociedad: la familia, la escuela, incluidos los establecimientos políticos o jurídicos.


Para comprender estos mecanismos, analizarlos y transformarlos, entre los cinco ejes que abarca la Educación Sexual Integral se incluyen el respeto por la diversidad y la valoración de la afectividad y el buen trato. Esto quiere decir que la E.S.I. contempla todos los aspectos que atraviesan la sexualidad de las personas, eso incluye los roles de género, las identidades, las relaciones interpersonales, los deseos, las emociones e incluso sus valores y actitudes.


Por eso, no es comprensible por qué todavía hay tanta resistencia a su implementación completa cuando se trata evidentemente de formar en la equidad, en el respeto por las diversidades y por derechos que corresponden a todos.


La ley 26150 fue sancionada en el Congreso el 4 de octubre de 2006 y promulgada el 23 del mismo mes. A punto de cumplir quince años, con una implementación sin presupuesto o una endeble formación del cuerpo docente, e incluso enfrentando el fundamentalismo del “Con mis hijos no se metan”, la ley de Educación Sexual Integral es la aliada indispensable para evitar la violencia en las relaciones interpersonales y para garantizar una sociedad justa, libre, que valore positivamente el respeto y el afecto.


La educación debe acompañar, debe garantizar los derechos de las niñeces y adolescentes y no puede ni debe permanecer callada.  Basta de pedagogía del silencio.

Discursos de Odio




 "Tengamos un poco más de cuidado con las cosas que escribimos en la pantalla"


Esas fueron las palabras de Fernanda Russo, quien practica tiro deportivo y es una de las representantes de la delegación argentina en los Juegos Olímpicos. Después de su segunda participación en los juegos, invitó a la reflexión acerca de los mensajes que le hicieron llegar. Si bien indica que junto a su compañero en el deporte recibieron muchos comentarios afectuosos y de felicitaciones, también hubo otros “mensajes de odio y muchos ataques injustificados en las redes".

Sin tener en cuenta la dedicación previa, los nervios y las ganas de que el esfuerzo tenga premio y de que jueguen a favor otros factores que exceden al deportista de cualquier competencia, a algunxs su performance no les pareció satisfactoria y eso les dio derecho a valerse de la crueldad en sus comentarios. "Nos quería llamar a la reflexión un minuto como argentinos”, dijo la deportista en su video. Y, la verdad es que, como se presenta Fernanda en su perfil de Instagram, no hay quien no sea en mayor o menor grado “sensible al mundo” y a su discurso.


Esta semana también salieron a la luz unos viejos tuits que la candidata del PRO como diputada por la Ciudad de Buenos Aires, Sabrina Ajmechet, había publicado con algunas controversiales opiniones sobre Malvinas, que otros políticos comparten y anuncian sin ningún prurito. Pero, además, se rescataron otros que intentó borrar rápidamente aunque quedaron capturados por algunxs usuarixs. En ellos, las expresiones manejan un alto nivel de violencia, como, por ejemplo cuando escribe: “Desperdicié la oportunidad de atropellar a un grupito de estudiantes del Pellegrini”. Si bien la candidata salió a explicar sus caracteres, Twitter ha demostrado ser la red del desparpajo y el digo lo que se me canta cuando quiero y a quien quiero. 


Por otro lado, Luis Juez, quien no hace mucho había declarado sin filtro: “Sugiero al fiscal que empiecen a probar los penes de madera con vacunados VIP”, se despachó esta semana, enojado por su candidatura dudosa a senador, con otra bestialidad: “No hay un puto senador que se anime a parársele a Cristina”, lo que fue considerado simplemente “otro exabrupto” por el Diario Clarín. 


También, en las redes sociales, circuló un video que subió la policía de Chubut durante un entrenamiento en el que un cántico amenazante advierte a los “piqueteros” que la policía, resguardada por la oscuridad de la noche, entrará “a la villa”. El canto, que repiten los soldados como parte de su formación, refuerza las múltiples denuncias que esta Policía tiene por violencia institucional, según consta en el Banco de Datos de Casos de Torturas y otros Tratos Crueles, Inhumanos y Degradantes del Ministerio de la Defensa Pública de dicha provincia. 


¿La libertad de expresión tiene límites? ¿La humillación, el desprestigio o la incitación al odio mediante el discurso son válidos dentro del derecho a expresarse libremente?


Terminar con los discursos de odio implica legislar restricciones a la libertad de expresión que es un derecho fundamental y esencial para la humanidad. Sin la posibilidad de opinar con libertad, las personas están condenadas a la opresión.

Pero…, en ocasiones, la libertad de expresión esconde que lxs otrxs, persona o grupo social, no tienen el mismo derecho que el que habla. Muchas veces, el mal uso de la libertad de expresión hace apología de hechos aberrantes como el racismo, el genocidio o incitación a la violencia poniendo en peligro la vida o la integridad física de alguna o muchas personas. Y, en algunos casos, esa diferencia de derechos incluye el derecho a vivir. Como se desprende del cántico de la policía en Chubut que fue justificado posteriormente por el ministro de Seguridad provincial, Federico Massoni. De acuerdo con su explicación, los piqueteros que reclaman alguna injusticia social son delincuentes que viven en villas. Es decir, que el cántico constituye un "hecho flagrante de discriminación y estigmatización de los sectores vulnerables", como redactó en una nota Gabriel Fuks, secretario de Articulación Federal de la Seguridad, dirigida al gobernador de la provincia, Mariano Arcioni.


Legislación ¿vigente?


El Artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (1978) en el primer apartado declara que: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección”. 

Previamente, la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), en el artículo 19, también indica que todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser perseguido o segregado a causa de sus opiniones. Añade, en el Artículo 29, inciso 2, que el ejercicio de los derechos y el disfrute de sus libertades estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás. 

En Argentina, la Ley 23.592, contra actos discriminatorios, es de 1988. En su artículo 3 prescribe la pena de prisión entre un mes y tres años para quienes “por cualquier medio alentaren o iniciaren a la persecución o el odio contra una persona o grupos de personas a causa de su raza, religión, nacionalidad o ideas políticas”. Para aplicar la sanción debe existir un nexo causal entre la incitación al odio y la creación de un clima proclive a la discriminación y a la violencia. 

Sin duda, 1948, 1978 o 1988 ya pertenecen a un pasado que no concebía la existencia de la masificación y globalización del acceso a cualquier tipo de datos o la posibilidad de expresarse no solo a nivel local, como sucede con el avance incontrolable de internet. 

Además, por ejemplo, la ley nacional no incluye como motivo de discrimanción la orientación sexual y la identidad de género. Si bien la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) promovió en varias ocasiones la modificación de la ley, los proyectos en general no superaron las dos cámaras. 

Sin embargo, la ley 5261 antidiscriminatoria de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se vuelve referencia ya que incluye en el ejercicio igualitario de los derechos y garantías a personas o grupos que sean discriminadas por su “etnia, nacionalidad, color de piel, nacimiento, origen nacional, lengua, idioma o variedad lingüística, convicciones religiosas o filosóficas, ideología, opinión política o gremial, sexo, género, identidad de género y/o su expresión, orientación sexual, edad, estado civil, situación familiar, trabajo u ocupación, aspecto físico, discapacidad, condición de salud, características genéticas, situación socioeconómica, condición social, origen social, hábitos sociales o culturales, lugar de residencia, y/o de cualquier otra condición o circunstancia personal, familiar o social, temporal o permanente”. Es decir, todo el espectro de condiciones que la ley nacional olvida. 

La ley porteña, además, advierte que “toda acción u omisión que, a través de patrones estereotipados, insultos, ridiculizaciones, humillaciones, descalificaciones, y/o mensajes que transmitan y/o reproduzcan dominación, desigualdad y/o discriminación en las relaciones sociales, naturalice o propicie la exclusión o segregación” será considerada una violación a la ley. Como también “las conductas que tiendan a causar daño emocional o disminución de la autoestima, perjudicar y/o perturbar el pleno desarrollo personal y/o identitario, degradar, estigmatizar o cualquier otra conducta que cause perjuicio a su salud psicológica y a la autodeterminación de las personas bajo cualquier pretexto discriminatorio”. 

Asimismo, en nuestro país, la creación del Instituto Nacional Contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) tiene entre sus motivaciones principales el establecimiento de políticas como la difusión de contenidos que generen concientización acerca del poder negativo del discurso de odio. 

Pero, en general, la legislación y las políticas públicas que tienden a la prevención y educación de la sociedad no logran disminuir las cifras de crímenes de odio que cada vez son más alarmantes. Y que, sin duda, son antecedidos por los discursos de odio y su incitación a la violencia.


¿Qué hacemos con Internet? Democratización, trolls, haters, fake news.


Según un informe del INADI, el discurso de odio encuentra tres canales para propagarse que van de la mano. 

El papel tradicional lo tienen los medios de comunicación. Principalmente, porque son los encargados de marcar cuáles son los temas de la agenda pública, pero además porque refuerzan prejuicios de acuerdo al tratamiento que hacen de las noticias. Por ejemplo, que las palabras de Luis Juez sean consideradas un “exabrupto” en el titular del diario más leído en el país no es inocente. De esta forma, los medios contribuyen a crear un clima social que promueve el discurso de odio. Además, de los grandes medios hegemónicos salen muchas veces las noticias falsas que generan desconocimiento y, a su vez, caos. Como sucedió en estos dos años de pandemia con distintas falsas informaciones acerca de las vacunas o los métodos para enfrentar el coronavirus.  

Otro canal por el que el discurso de odio se propaga es el espacio público. Las pintadas o los actos de vandalismo muchas veces atentan contra colectivos a través de la difamación.

Pero, sin duda, el canal que permite en mayor medida la propagación de discursos de odio es Internet. Principalmente, porque a través del “anonimato o su naturaleza transnacional, facilitan la generación y extensión de este discurso y dificultan su sanción”, como dice el Informe que presentó el INADI al respecto en 2020. 

La libertad de expresión es la excusa preferida por los proveedores de redes para rechazar regulaciones. Seguramente, dichas regulaciones o límites llevarían a ciertas redes sociales a perder una gran cantidad de usuarios. Clientes, en definitiva.

En el año 2013, la Organización de Estado Americanos, presentó un informe sobre Internet y brindó una serie de consejos acerca de cómo legislar la libertad de expresión en la red. En primer lugar, indicó que las leyes debían ser claras y precisas. Principalmente, porque es mediante Internet como se democratiza la posibilidad de dar a conocer y valorar la opinión de un  “universo creciente de personas, cuya incorporación al debate público es una de las principales ventajas que ofrece Internet como espacio de comunicación global”. Es decir, las limitaciones no pueden quitarle la posibilidad de expresarse o de tener acceso a la información a la cantidad de personas que por fin ha conseguido ese espacio, fomentando la participación política. Y, además, no pueden implicar persecución ideológica, armar listas de personas no gratas y siempre proteger datos personales.

Según el estudio “Countering Online Hate Speech”, llevado a cabo por la UNESCO en 2015, hay algunas aproximaciones no legislativas para brindar posibles soluciones al problema del discurso de odio, principalmente en Internet: la creación de campañas, ya sea por parte de ONGs o del Estado; el monitoreo y reporte de casos a las autoridades pertinentes por parte de la sociedad civil; y, además, el “empoderamiento de usuarios a través de la educación y el entrenamiento con respecto al conocimiento, las capacidades y los aspectos éticos del ejercicio de la libertad de expresión en internet”.


Si bien el derecho a la libertad de expresión es inalienable, ese derecho también implica una responsabilidad que se relaciona principalmente con reconocer cuándo un discurso es una apología del odio que promueve solamente la segregación de un grupo. Y no es un uso apropiado de un derecho ganado e indiscutible sino el abuso de un derecho sobre el de otros, que adquiere más un tinte despótico y discriminador con respecto a quienes no son o no piensan como unx. 

Tengamos en cuenta que, después de todo, somos humanxs, como dijo Fernanda. Un besote. 


Dietland: el gordoodio es televisado

DIETLAND


Publicado en Feminacida

¿Es necesario dejar de ser una misma para encajar en un modelo que asocia belleza, éxito y felicidad con delgadez? ¿Nuestras corporalidades están en transición constante? ¿Cómo reivindicarlas dentro de un sistema regido por reglas tan hostiles?


Alicia, la protagonista de la serie Dietland, tiene un alter ego delgado, enfundado en un vestido rojo sensual y atrevido. Sin embargo, hay una dualidad que convive en sus ideas producto de la violencia del marketing y la publicidad. Su cuerpo real no entra su atuendo soñado. Y para acceder a esa corporalidad, decide someterse a una operación gástrica pese al peligro que comporta y a la oposición de familiares y amigxs. 



Mientras tanto, Alicia da consejos en una revista sobre la “felicidad” de las mujeres: belleza, amor, familia, maternidad. Obvio que ella no es la cara visible de esa sección: en su lugar aparece la imagen de su jefa, una belleza hegemónica que, si bien no tiene las luces de la protagonista, sí posee el rostro “ideal”. Como dice Alicia, “las revistas forman parte del complejo industrial de insatisfacción global”. De hecho, es en los mensajes que recibe de mujeres dolientes donde esta  heroína descubre que algo no está bien. No está bien perseguir un ideal que nunca se va a alcanzar, no está bien vivir sometido a mandatos irreales y segregadores. A partir de ese momento, el camino de Alicia la lleva a un descubrimiento sobre su propia fuerza y valor. Y encuentra en ese camino a otras mujeres que transitan un derrotero similar.



Todas las mujeres que rodean a Alicia están inmersas de una u otra manera en el mismo sistema que impone un modelo de belleza feroz. La presentación de la serie muestra a la protagonista ascendiendo una montaña de comida a medida que se transforma en un cadáver. De esta forma, la tira denuncia la situación a la que son empujadas muchas mujeres en su afán por alcanzar ese estereotipo de belleza. 


A través de sus diez capítulos, la trama alterna el descubrimiento de Alicia con una investigación policial que aporta, quizás, su cuota de suspenso. La policía debe investigar a un grupo feminista que se apropia de la venganza contra los representantes del sistema heteropatriarcal. 


Sin embargo, esta cuota de intriga y la epifanía que vive Alicia se ven interrumpidas porque la serie fue momentáneamente cancelada. ¿Motivos? Nunca son suficientes cuando quedamos enganchadas con una temática que nos interpela. La serie abre un sinfín de interrogantes que es indispensable mantener en debate. Pone sobre la mesa temas como el gordoodio, la hipersexualización de las identidades feminizadas y la vergüenza hacia nuestro propio cuerpo. Por eso, algunxs seguidorxs se valen de las redes sociales para exigir que la serie tenga continuidad, aunque, sin duda, esa decisión está supeditada a lo que vende, como casi siempre. 

Un lenguaje que nos incluya a todes

Publicado en Feminacida, 28 de octubre 2020



 “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”


Ludwig Wittgenstein


La RAE decidió colocar en “observación” el pronombre personal elle como recurso creado y promovido por quienes no se sienten identificades con ninguno de los dos géneros tradicionalmente existentes. Aunque aclaran que su uso no es extendido ni está asentado, la realidad es que el debate comienza a resolverse.


El lenguaje es una construcción mental para darle entidad a aquello que existe. No se trata solamente de un sistema de signos que describe el mundo, sino que es el medio a través del cual las personas interactúan en el medio social. Y, por ende, está cargado de ideología. El lenguaje tiene consecuencias reales en las personas. No se queda solamente en el discurso, sino que forma una realidad: un lenguaje sexista produce invariablemente sexismo o un discurso odiante está íntimamente relacionado con los crímenes de odio.


Entonces, es a través del lenguaje cómo se establecen disputas entre quienes pretenden mantener el statu quo reflejado en este sistema, y quienes necesitan modificarlo para darle entidad a todos, a todas y a todes.


La discusión acerca del sexismo en el uso del lenguaje ya tiene algunos años. El primer indicio de este debate se encuentra en la crítica feminista de los años setenta. La lengua castellana se presenta como “neutral” pero, a las claras, se notan sus marcas masculinas que niegan a las mujeres. En Argentina, la primera en postular estas problemáticas fue Delia Esther Suardíaz en su tesis de Maestría en Lingüística “El sexismo en la lengua española”. Allí analiza la ausencia de las mujeres en diversos usos de la lengua castellana y afirma la necesidad de un cambio lingüístico.


Un segundo tramo es el que se desprende de la teoría queer. Si los géneros, las identidades y las orientaciones sexuales son el resultado de una construcción social que varía en cada cultura, ya no alcanza con decir “todos” ni “todos y todas” para hablar de un “lenguaje inclusivo”. Porque la realidad no es binaria: por ejemplo, lleno y vacío, verdadero o falso, incluso bueno y malo, no bastan para describirla aunque la sociedad guste de polarizar o simplificar de ese modo.


El lingüista y lexicólogo Santiago Kalinowski, director del Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas de la Academia Argentina de Letras, definió al lenguaje inclusivo en una entrevista con la periodista Fedra Abagianos: “Es una intervención del discurso público que busca crear en el auditorio consciencia acerca de la persistencia de una injusticia social”.



La lengua no es meramente un recurso expresivo, sino que es la formulación de una posición política, que en este caso revela injusticia. Por lo tanto, un lenguaje incluyente es la herramienta discursiva que podría contribuir “al mejoramiento de las reglas sociales, de las leyes y de las prácticas, que en este momento son desiguales y que hoy favorecen al hombre”, concluye Kalinowski.


Les detractores del lenguaje igualitario, que dicen proteger la pureza de la lengua e incluso su belleza, refunfuñan, se horrorizan y se escudan, por ahora, en la institución que “limpia, fija y da esplendor”: la Real Academia Española.


En las aclaraciones preliminares que aparecen en el Informe de la Real Academia Española sobre el uso del lenguaje inclusivo en la Constitución Española, elaborado a petición de la vicepresidenta del Gobierno, fechado el 16 de enero de 2020, puede leerse: “La Academia redacta sus recomendaciones tomando como referencia el uso mayoritario de la comunidad hispanohablante en todo el mundo”. Es decir que la RAE no es prescriptiva de cómo debe hablarse sino descriptiva de cómo se habla. 


En el segundo inciso de estas aclaraciones, insiste: “Entre las tareas de la Academia relativas al buen uso del español está la de recomendar y desestimar opciones existentes en virtud de su prestigio o su desprestigio entre los hablantes escolarizados. No está, en cambio, la de impulsar, dirigir o frenar cambios lingüísticos de cualquier naturaleza. Es oportuno recordar que los cambios gramaticales o léxicos que han triunfado en la historia de nuestra lengua no han sido dirigidos desde instancias superiores, sino que han surgido espontáneamente entre los hablantes. Son estos últimos los que promueven y adoptan innovaciones lingüísticas que solo algunas veces alcanzan el éxito y se generalizan. En estos procesos de innovación y cambio la Academia se limita a ser testigo del empleo colectivo mayoritariamente refrendado por los hablantes, así como a describir estos usos en sus publicaciones.” En definitiva, son lxs  hablantes vivxs, orgánicxs, quienes hacen uso de la lengua y la transforman.


En este sentido, Santiago Kalinowski explica: “Hay que olvidarse de la palabra oficial cuando se trata de la lengua. Porque la lengua está en los hablantes, y es ahí el único lugar donde está. No emerge de una institución, no hay alguien que la oficializa y no hay un organismo que autoriza a los hablantes a codificar determinada estructura sintáctica en sus mentes, es al revés”.


El lenguaje inclusivo genera tanto rechazo por parte de grupos antiderechos, e incluso dentro del campo académico, no porque altere la integridad de la lengua sino porque justamente aparece para modificar el estado de las cosas. Viene a romper el binarismo heterosexual y cisgénero, impuesto incluso desde el lenguaje. Puede generar risas, memes, discusiones en el café, pero lo cierto es que el lenguaje inclusivo incomoda.


Les refutadores del lenguaje inclusivo

La consigna más utilizada para desprestigiar el lenguaje inclusivo es que rompe con la economía lingüística. Cualquier persona, indiferente a otras cuestiones del análisis gramatical, ha interiorizado el ahorro en la lengua hasta transformarlo en una verdad absoluta e indiscutible. El presidente de la RAE, Darío Villanueva, decía en una entrevista de El País: “Las lenguas se rigen por un principio de economía; el uso sistemático de los dobletes, como miembro y miembra, acaba destruyendo esa esencia económica”.


Sin embargo, el principio de economía del lenguaje no aplica cuando está en juego otra de sus características: la expresividad. Es decir, muchas veces recurrimos a metáforas o hipérboles para expresarnos. Por ejemplo, si alguien dice “ni en sueños” en lugar de “no” o “¿pueden hacer silencio?” en lugar de “cállense”, está recurriendo a otros usos por diversas necesidades comunicativas, haciendo caso omiso de la economía lingüística.


Otro motivo que suele presentarse como argumento es que, en el castellano, el masculino es un género neutro. En español, generalmente, las palabras latinas de género neutro se asimilaron al género masculino. Pero, todavía pervive en los artículos como “lo”, que sirve para sustantivar adjetivos y señalar conceptos abstractos: lo profundo, lo externo; en los pronombres personales de tercera persona del singular (ello, lo); los demostrativos (esto, eso, aquello); y, también, algunos pronombres indefinidos (algo, nada). Por lo tanto, el género neutro es un género que existe fuera del masculino.


En otras palabras, en castellano el masculino no es neutro: es masculino. Se lo llama “no marcado” para instituir la idea de que incluye a ambos géneros. El femenino, por otro lado, es el género marcado, exclusivo o excluyente.


En una publicación para el diario El País en 2012, que intenta ser muy graciosa, Pedro Álvarez de Miranda se pregunta: “¿Y por qué es el masculino, en vez del femenino, el género no marcado? Buena pregunta, para cuya compleja respuesta habríamos de remontarnos, en el plano lingüístico, hasta el indoeuropeo, y en el plano antropológico hasta muy arduas consideraciones, en las que no pienso engolfarme, acerca del predominio de los modelos patriarcales o masculinistas. Efectivamente, es más que posible que la condición de género no marcado que tiene el masculino sea trasunto de la prevalencia ancestral de patrones masculinistas. Llámeselos, si se quiere, machistas, y háblese cuanto se quiera de sexismo lingüístico”. Admite que ancestralmente, y actualmente, el lenguaje tiene un sesgo machista. Pedro Álvarez de Miranda es filólogo, experto en lexicografía histórica y en historia de la lengua española, Catedrático de Lengua Española de la Universidad Autónoma de Madrid, especialista en Lexicografía y Lexicología. Y, obviamente, miembro de la Real Academia Española.


Otra razón esgrimida por les refutadores es que la verdadera inclusión sería aprender Lengua de Señas y sistema Braille. En primer lugar, cabe preguntarse si quienes se valen de este argumento realmente aprendieron lengua de señas o les resulta útil solamente cuando se menciona el lenguaje inclusivo. En su cuenta de Instagram @repensar.la.diversidad, Florencia Cambareri, quien se define como activista disca diversa, se pronunció al respecto: “Inclusión es mucho más que LSA (encima algunos dicen lenguaje cuando en realidad es Lengua) y sistema Braille”. En la publicación hace referencia al hecho de que las personas con discapacidad no forman parte real del entramado social desde el momento en que más del 80 por ciento no tiene trabajo, no todos los espacios públicos son accesibles, por ejemplo los baños, e, incluso, muchas veces los lugares de prioridad o las rampas aparecen obstruidas. 



El sistema de señas que les permite a las personas sordas comunicarse entre ellas y con el mundo existe desde el siglo XVI para remediar la falencia del lenguaje fonético. Ahora bien, el lenguaje binario excluye a un espectro amplísimo de identidades que no se reconocen en ese binarismo. Por lo tanto, el argumento de la lengua de señas intenta solamente descalificar una verdadera lucha política de inclusión. 


Entre Academias se reverencian

En los Fundamentos de la posición de la Academia Argentina de Letras (AAL), Alicia María Zorrilla, presidenta de dicha institución, dice que para analizar el lenguaje inclusivo “indefectiblemente, deben recorrerse dos caminos: el lingüístico y el sociopolítico”. Ahora bien, el lenguaje inclusivo es una lucha que pone en evidencia las desigualdades y las exclusiones de un universo que ha sido regido durante siglos por el orden binario y el poder machista. El lenguaje, además de androcéntrico, sexista, y clasista, muchas veces es racista, algo también normalizado. La discusión, entonces, supera lo meramente lingüístico para tomar ese camino sociopolítico del que habla la presidenta de la AAL.


En estos Fundamentos, Alicia María Zorrilla continúa: “Nadie prohíbe nada a nadie; nadie puede imponer nada a nadie, pero no debe perderse la cordura ni la prudencia, pues, para que la lengua siga funcionando, no puede afectarse la constitución interna del sistema. Además, una e, una @ , un * o una x no cambiarán la sociedad. Esta deberá cambiar, no la lengua que nos une. Las sociedades crean y modifican el lenguaje; es una práctica social. Así lo declaran las Academias y están de acuerdo con ello, pero si esas modificaciones no alteran la estructura lingüística y gramatical de la lengua española”. Sin embargo, el lenguaje no es natural, no es inmutable, es una construcción social y las sucesivas modificaciones se dan en el habla, aunque impliquen la reforma de la estructura gramatical que no es perfecta ni inalterable. El rechazo académico solamente evidencia la necesidad de sostener un statu quo que tiembla.


Cabe reflexionar, como lo hizo la escritora María Teresa Andruetto en el mal llamado Congreso de la Lengua Española realizado en Córdoba durante el 2019: “¿De quién es la lengua? ¿Quién le da nombre y quiénes reconocen su lengua en ese nombre? Esa que se dice de todos ¿es la misma lengua? En caso de serlo, ¿quiénes son sus dueños? Y atendiendo a que una lengua con tantos hablantes, además de un capital simbólico es un capital económico, ¿quiénes hacen usufructo de ella?”.


En definitiva, el lenguaje inclusivo incita a la expansión de los límites que determina el lenguaje. La modificación de la lengua, tornándola inclusiva, incluyente, igualitaria, no tiene que ver con mejorar la gramática castellana sino con resolver aquellas fisuras sociales que se evidencian en la utilización del lenguaje. 


Ahora que la RAE se acopla tímidamente al proyecto de una sociedad más inclusiva, ¿cuál será la excusa de les conservadores para desacreditar el cambio lingüístico indispensable?

Las trabajadoras del hogar y la situación de crisis durante el aislamiento

 Las trabajadoras del hogar y la situación de crisis durante el aislamiento publicado en Feminacida, 7 octubre de 2020 Desde que comenzó el ...